Se sintió profundamente aliviada al descubrir que su colgante estaba bien, de nuevo el colgante volvía a sus manos. Pensó en la suerte que había tenido y que esa suerte no le volvería dos veces, así que, sin demora lo escondió lo mejor que pudo, supuso en que si alguien lo encontraba se metería en un buen lio. La de veces que se preguntaba el porque de aquello, el porque de aquel extraño momento, no entendía nada.
Un día, como de costumbre Líli se disponía a ir a su puesto de trabajo cuando en su blog de notas encontró una nota escrita a mano:
¿ Crees en la magia?, yo si.
Magia es lo que tu yo sentimos aquel día del robo, ponía.
De repente en un acto reflejo levantó la cabeza mirando hacía todos los lados, buscaba su cara, sus penetrantes ojos azules, queriéndolo buscar su miraba daba mil vueltas, pero nunca lo encontró.
Líli se puso colorada, se sentía abrumada a la vez que desilusionada.
Pensó en que no se arresgaría, era un perseguido.
Acabado tu turno regresó a su habitación, deseaba descansar, llamar a su casa, ver la televisión y acostarse en su cama.
Al entrar vio un hermoso vestido rojo que lucia encima de la cama y con una elegante nota la invitaba a la noche siguiente, un coche la recogeria detrás del hotel.
Así hizo, esperó impaciente y de repente se encontró con un coche que venia de frente, un señor muy bien vestido la indico que subiera, el coche inicio su marcha con destino hacia el, hacia sus brazos, era inevitable pensar en que estaba haciendo, que como acabarìa aquella locura, se acordaba de la foto que había visto en la comisaria, de lo violento que decían que era, de lo que quería de ella. El coche se paro indicando que el destino estaba ahí fuera, esperándola.
Allí estaba ella, sola, en mitad de algún sitio, a oscuras, sin ver nada. Sintió miedo y las piernas le volvían a temblar cuando de repente notó sus manos rozándole la espalda, lo supo enseguida, notaba su respiración alrededor de ella, sentía su olor, quiso tocar pero no la dejó.
Le susurraba cosas bonitas al oído y Líli se estremecía de placer, una canción sonaba a lo lejos mientras la cogía por la cintura y bailaban al son de la música.
¡ No es justo, porque no me dejas tocarte, voy a ir a la policía!, le decía ella.
¿ De verdad quieres eso ?, no creo, has encubierto a un ladrón, eso es delito, ahora eres una delincuente como yo. Te conozco muy bien, creeme. Le decía el.
Tenia toda la razón, Líli jamás lo delataría y eso el lo sabía y por eso jugaba con ventaja.
De pronto una luz encendió el lugar, no había nadie, ni rastro del coche que la había llevado ni rastro de el. Al levantar la mirada se dio cuenta de que no había ido muy lejos, el conductor del coche había estado dando vueltas y no se había dado cuenta, creyó haberlo soñado todo pero se veía vestida con aquel precioso vestido rojo y se convenció de que todo había sido real.
No podía dejar de pensar en el, se le dibujaba una enorme sonrisa en la cara al pensar en todas aquellas cosas que le hacia y especialmente en todas aquellas cosas que le hacían sentir. Pensaba en la de veces que el la estaría vigilando, eso le hacían mirar a todos lados por si alguna vez bajaba la guardia y lo pudiera ver, nunca lo vio.
Por aquel entonces ya se levantaba un ratito antes, se dedicaba mas tiempo por las mañanas, se ponía una fina capa de brillo de labios por si acaso.
Recibía notas con mensajes cariñosos, regalos bonitos y otras tantas cosas que le hacían sentirse feliz. Nunca se preguntó como conseguía que aquello se pudiera dar, que como lo hacia, que como conseguía que aquellas cosas llegaran a ella.
Se había dado cuenta de que aquellos ojos azules la enamoraron, no le hubiera importado perderse por siempre en ellos, pero, su lado racional le decía que aquello era imposible, que futuro iba a tener con un perseguido, un ladrón, huyendo, detrás de el. Aquellos pensamientos la dejaron muy tocada, con el nunca la vida iba a ser normal ni desde luego fácil. No se veía así, ella que siempre fue muy casera.
A pesar de todo aquello que rondaba por su cabeza a Líli aquel juego de las notas le gustaba mucho, le hacían sentirse viva, se dejo llevar.
Se dejo llevar por su sensualidad, por sus encantos, se sentía deseada, sexy y eso le agradaba cada vez mas.
Aquella persona la había enamorado sin conocerla, le atraía su lado criminal como dos polos opuestos.
Un día, las notas cesaron, se sintió decepcionada, otra vez se sintió engañada, se había reído de ella, de sus sentimientos, afloraron de nuevo los viejos sentimientos escondidos, le dolió y mucho.
El otoño tocaba a la puerta y Líli debía de volver a España a volver a buscar trabajo, a seguir entudiando, no lo tenia aun claro.
Con tristeza sacó su billete, había sido un buen verano en todos los sentidos.
A los dos días se encontró una nota.
Por favor, anula tu billete, así decía la nota.
Por mucho tiempo se lo pensó y decidió hacerle caso a su corazón, desoír las advertencias de su razón le le gritaba que no lo hiciera.
Esa misma mañana recibió otra nota indicándole un lugar supuestamente en el que el se encontraba, era como un mapa de recorrido que debía seguir para encontrarse con el.
No le importó recorrer miles de kilómetros, a esas alturas Líli ya no podía darse la vuelta, estaba perdidamente hechizada por aquel hombre, por su cuerpo, sus suaves susurros al oído, sus manos tocándole todo su cuerpo, su boca, sus besos robados, su todo.
Siguió sus indicaciones, sus señales, sus pistas.
Se montó en un bus con un destino desconocido para ella, las horas eran interminables, se quedó dormida y no supo cuantos días estuvo viajando, solo sabía lo que veía por la ventanilla, mucha zona desértica.
Cansada de tanto viajar Líli llego a su destino, el conductor del bus le señalaba con la mano que había llegado al lugar que ponía la nota.
Una pequeña casita se dibujaba a lo lejos, apenas podía aguantar sus nervios, entró tan precipitadamente que se cayó de bruces. Cuando quiso levantarse ya la había cogido y la empujo hacia el dándole las mejores de las bienvenidas.
Eres un poco torpe tu, no?, has tardado mucho. Le dijo.
Eh?, lo dices en serio?. Le contesto Líli.
Me he dado toda la prisa que he podido, le volvió a decir.
La hizo callar y juntó su boca con la suya y la beso con mucha fuerza. Se olvidó del mundo y de todo.
Eres toda una crak
ResponderEliminarY tu tambièn.Thank
ResponderEliminarEso es Amor
ResponderEliminarEso es Amor
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