miércoles, 13 de junio de 2018

TE DOY MI AMOR Y MI VIDA( capitulo 3)

Aquel domingo se despertó muy temprano, estaba muy nerviosa y su pierna derecha le temblaba mucho, se decía a si misma que iba a ser responsable, que su compromiso iba mas allá, que debía demostrarse a si misma que ella era capaz de aquello y mucho mas.

Todo transcurría bien, los clientes de salón principal pedían y Líli  servía, apenas decía  nada en ingles, se limitaba a sonreír. Sin apenas darse cuenta su turno había acabado, se notaba cansada así que se marcho a su habitación, se dejo caer sobre la cama, mirando al techo se acordaba en lo mucho que había cambiado su vida, volviendo la vista atrás dio gracias por haber salido del pozo en el que se encontraba.
Salió al porche, un rinconcito donde se reunían todos los empleados después de su jornada, lo hacían para relajarse y charlar de cosas de la vida.
Se sentó en el borde de una piedra, había vuelto a fumar después de un año que ni apenas tenia ganas de hacerlo.
Allí estaba, sentada, fumandose un cigarro, tranquila y pensando en sus cosas, haciendo balance del día, de lo bien que se sentía sabiendo que había hecho bien su trabajo. Acabado el cigarro, lo apagó y se fue a la cama.
Los días pasaban y a Líli mas le gustaba aquel trabajo, miraba embobada  los trajes caros y las joyas que las señoras lucían, se acordaba del colgante que su madre le había dado antes de su partida, los echaba mucho de menos, aquello le recordó que debía de llamarlos.
Habló con su madre, se le notaba feliz, contenta y animada, habló con su padre, notó su fuerza, su valentía, su modo de afrontar su enfermedad.

Una mañana de agosto, antes de comenzar a trabajar se les convocó a una reunión en el salón de actos del hotel, se les informó de que en el fin de semana se iba a dar una fiesta de cumpleaños, la hija de uno de los hombres mas poderosos de país.
Líli se sentía emocionada y deseosa. Los días anteriores a la fiesta era una locura, los preparativos eran muchos, el hotel se jugaba su prestigio y la gente andaba de aquí para allá, cada uno con su tarea encomendada.
Era la primera fiesta para ella, su primera fiesta con mucha gente adinerada, con poder y autoridad.
Estaba totalmente prohibido llevar anillos, colgantes, solo se le estaba permitido llevar unos pequeños pendientes a modo de perla, discretos y nada ostentosos.
Líli pensó en que si se ponía aquel colgante y lo escondía dentro de su camisa su manos dejarían de sudar, dejaría de sentirse nerviosa. Se miró al espejo y vio que quedaba bien escondido, así que, se lo dejo puesto.
El jardín delantero sirvió de marco para el evento del año, la fiesta estaba muy animada, cada detalle, cada cosa se había hecho con total dedicación.
En la pista central una orquesta tocaba las canciones que a la anfitriona le gustaban.
La noche estaba yendo extraordinariamente, la gente se divertía, bailaba o comía, pero de repente un ruido ensordecedor paró la fiesta de repente, al darse la vuelta vio como una furgoneta negra irrumpía de manera atropelladamente por el jardín, de el se bajaron cuatro individuos, todos encapuchados, vestidos de negro y con fusil en mano reclamaban la atención de los que allí se encontraban. Uno de ellos con un sacó una especie de bolsa y levantando la mano al aire pedía que cada invitado metiese sus joyas en la bolsa.
Líli seguía allí, presa del miedo, sin apenas moverse, la situación la dominaba, sin querer dejó al descubierto su bonito colgante, cuando quiso esconderlo ya tenía a uno de ellos delante de ella, a escasos centímetros, lo tenía tan cerca que podía notar su respiración pausada y serena, el pasamontañas solo le permitia ver sus enormes ojos azules como el océano, con delicadeza apartó su pelo hacía el lado derecho y acercándose a su cuello se lo quitó.
El roce de sus dedos sobre su cuello la hicieron estremecer y se le contuvo la respiración.
A Líli aquella sensación le gustaba, le latía tanto el corazón que temió que se saliera de su pecho.
Nooo, por favor. Un quejido salía de su garganta.
Has sido una niña muy mala, Líli, le respondió.
No te muevas y no te haré daño, le dijo.
Como se iba a mover, lo tenía delante, no opondría resistencia, no quería.
Líli estaba obnubilada, sus ojos se encontraron, cogió sus mejillas y acercándolas suavemente hacia el la beso de una manera inimaginable, un escalofrío recorrió su cuerpo y entonces huyo con sus compinches.
Aquel beso la dejo fuera de juego, todo le daba vueltas, sus piernas ya no aguantaron mas y terminaron por los suelos, había sido el mejor beso de todos los que en su vida había vivido, uno de esos en los que el mundo se para por unos instantes y te eleva hasta el cielo.
Cuando volvió en si, la gente andaba de aquí para allá, veía gente llorando, chillando, con miedo.
La policía inglesa no tardó en llegar, su trabajo consistía en esclarecer los hechos, recopilar información.
Líli se preguntaba que donde estaba la seguridad del hotel, donde estaba esa gente.
Todo le resultaba confuso y no entendía nada.
Los acribillaron a preguntas pero a Líli no se le olvidaban aquellos ojos azules ni aquellos labios que la besaron tan dulcemente en mitad de la noche.
Me han robado un colgante muy valioso para mi, les decía Líli a la policía.
A los días siguientes citaron a todos los que presenciaron el robo, le pusieron fotos de peligrosos delincuentes buscados, sus ojos se quedaron clavados en una en concreto, unos enormes ojos azules lo delataron, estaba en busca y captura, por ladrón, por robos y muchas mas cosas.
Líli se sentía contrariada, si era tan peligroso porque no había temido por su vida cuando lo tenía tan cerca, y porque la beso tan delicadamente.
No sabía que hacer, si se callaba estaría ocultando su verdad, pero si lo delataba su corazón jamás se lo perdonaría, lo pensó por un momento.
No, no los pude ver, iban encapuchados, les dijo.
Salió de allí lo mas rápidamente posible, no fuera a ser que se arrepintiera de lo que acababa de declarar, le daba la sensación de que sabían que lo había reconocido y eso la ponía muy nerviosa.
Los días posteriores a los hechos, las cosas estaban un poco tensas, las señoras andaban tapando sus joyas lo máximo posible, aunque la ostentación se dejaba ver de vez en cuando.
Líli seguía en su nube, a pesar de que le habían robado el colgante de su madre, no podía dejar de pensar en aquel hombre, en su voz varonil y su perfecto español y en el porque de aquel beso.
Al día siguiente la llamaron desde dirección, creyó que la iban a pedir explicaciones por el colgante, pero no, era para servir el almuerzo en una habitación  y que habían pedido explícitamente que fuera ella quien lo hiciera.
Aquello la emocionó, nunca había subido a las habitaciones, su funciones eras claras, solo en los comedores de abajo.
Sintió cierta intriga, era muy misterioso y porque ella y no otra, se dio cuenta de que al tocar, la puerta
estaba entreabierta, nadie respondió, así que la empujó, lentamente y temerosa entró, nadie respondió a pesar de preguntar dos veces.
Una habitación hermosa como ninguna, todo de muy buena calidad , lo miró todo, las vistas desde el balcón indescriptibles y un baño enorme.
Líli se sentía abrumada, nunca había estado allí y quería aprovecharlo, no se dio cuenta de que encima de la mesa había una caja roja con un enorme lazo, la intriga hicieron que abriera la caja, le daba igual que no fuera para ella, se dejo llevar.
Al abrirla una enorme sonrisa dibujaba su cara, su colgante lucia bellisimo, una nota escrita a mano lo desveló todo.
Gracias por no delatarme, pero has sido una niña muy mala Líli, disfruta del almuerzo, ponía.



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