A veces las cosas no salen como uno quisiera, a veces las caídas sirven para levantarse y coger más fuerzas para saltar hasta el infinito, a veces la realidad en la que vivimos no se ajusta a lo que sentimos o deseamos, posiblemente más veces de lo que nos creemos, pero cuándo esas veces son continuamente, eso ya es tener mala leche, es lo que yo llamo el efecto "YA" (estar en el momento y lugar adecuados; otros dirían una alineación de astros y mil cosas más).
Hay que guerrear hasta quedarse sin aliento, luchar, sacar los dientes, las uñas si hiciera falta.
Pero ante todo, hay que ser feliz, sonreír y vivir y con eso tienes media vida ganada. Hay que disfrutar a tope, bailar, y sentirse fiel a unos ideales, acudir a donde no se te espera es innecesario y demasiado cansado; intentar agradar a todo el mundo es una misión imposible. Mandar a la mierda muchas "cosas animadas e inanimadas" tendría que ser una terapia obligatoria, y ante todo, que la salud mental de cada uno prevalezca por encima de todo y todos.
Tener el coraje de decir hasta aquí, sin que tiemble el pulso, tener maldad que se requiere para no ser pisoteado como si se tratase de una cucaracha. Saber cuándo decir NO cuándo no eres tomado en serio sin tener en cuenta sentimientos. Tener la suficiente empatía con el dolor ajeno y no comportarse como un puñetero "hijopuerta", tener lo suficiente para decir verdades enteras y ni mentiras a medias.
Las personas tienden a olvidar muchas cosas y más cuándo no interesa. Se borra del mapa, desaparece como un truco de cartas, tendentes a meter la pata una y otra vez, tropezando dos o incluso tres en la misma piedra.
No todo es blanco o negro; hay tanta variedad de colores que apenas logramos ver: los hay también verdes, azules, rojos, amarillos. Demósle la vuelta a la perspectiva y veamósle las cosas desde otro ángulo, desde otro punto de vista. Que que si la vida te da limones, ¿porque co......ño tienes que hacer limonada? ¿Dónde está escrito, estipulado? ¿Quién lo dice?
La verdadera esencia de cada uno reside en su interior, en su nobleza y si eso esta claro, lo demás no importa.
Siempre los habrá que buscan la inmadurez, la ingenuidad para corromper y sacar provecho, pero volviendo otra vez a la limonada de la hostia; unos limones dan mucho de sí más allá de una simple y sosa limonada ( lo de sosa lo digo porque en mi casa hay demasiado azúcar), es cierto que una limonada bien fresquita en una tarde calurosa del mes de julio sienta como Dios. Pero, ¿y si te da por tirarla a la pared? ¿ Habría algún problema? ¿Por qué hay que aceptar lo que otros imponen? Mismo derecho hay a sentir rabia, frustración o simplemente no conformarse con lo que te toca.
Odiar también forma parte de una persona y eso está también bien, no todo va a ser divino y bonito, ni todo es tan fácil, ni todo es tan difícil: póngamosle un punto intermedio. Si no quieres tragarte la limonada pues a la mierda con la limonada. Seguramente, en esos días de absoluta mierda que toda persona experimenta muchas veces habría gustado lanzar ese vaso de limonada a otra dimensión a años luz de aquí.
Subir a la montaña y chillar a lo loco hasta que tu grito deje de escucharse porque la afonía se ha adueñado de tu voz. Subir cada cierto tiempo y enumerar los descontentos, los lloros y las miles de veces que te has mordido la lengua por educación. Las ganas de tirar calle abajo al tonto de turno que se cree todopoderoso porque tiene más dinero que tú.
Sal a la calle y, plántale un: ¡Por mis santos cojones, pa'lante como los de Alicante, con paso firme y con la cabeza bien alta!
Y si quieres pues planta un puto limonero en tu jardín.