Era una cabañita pequeña, muy bien ordenada con una cama en un rinconcito, era muy bonita y se vía acogedora, tenia un porche que daba la vuelta entera a la casa.
Mientras en la civilización la gente iba al cine, al teatro o al fútbol en algún lugar del mundo unos amantes se dejaban acariciar, se amaban, por debajo de las sabanas dejaban al descubierto su piel.
Allí por vez primera desnudaron sus almas y se mostraron uno frente al otro, Líli estaba nerviosa,
inquieta, se sentía indefensa, vulnerable porque no podía controlar su cuerpo deseoso.
Líli vivía en una nube continua, estaba feliz, no necesitaba mas que a el, sus cuidados y sus mimos le bastaban para olvidarse del resto del mundo. Se sentía protegida enredada entre sus fuertes brazos, entre su aroma a hierba fresca, entre sus rizada melena.
Una madrugada Líli se despertó asustada, algo la sobresalto y no conseguía dormirse, lo veía dormir y le llenaba de paz, podría pasarse la vida así, mirándolo dormir silenciosamente.
Salio fuera y se sentó en un pequeño y oxidado balancin, miraba al horizonte y de nuevo volvía a pensar en cuanto y como había cambiado su vida. Suspiraba una u otra vez como querer decir algo pero el chirrido del balancin se oía mas allá de las montañas y aquello resultaba un poco molesto.
Pero algo le apretaba el corazón, sentía que se le encogía poco a poco que apenas le dejaban respirar.
Era una sensación rara que poco a poco y con el tiempo descubriría.
ainssssss, que me estoy comiendo las uñas por ver eldesenlace de esta historia.
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