Resulta que el jueves mi coche me dio a entender que ya era hora de que me pusiera a andar y dejara esa vida sedentaria, que dejara de coger el coche para ir a la vuelta de la esquina, es decir, que se averió, vamos, ya estaba dando el follón la lucecita de siempre y que la mayoría no sabemos a que se debe por no leernos el manual.
Me tocaba ir a trabajar en bus, resignada al día siguiente esperé mi bus pacientemente con la esperanza de que aquel día me fuera agradable.
Tenía por delante 15 minutos de trayecto así que me acomodé lo mejor posible, estaba mirando mis notas, mis reuniones, mis historias cuando alguien me tocó por la espalda.
Me llevé la mejor de las sorpresas, era Miguel, aquel chico que me buscaba para que yo le hiciera una dedicatoria de amor a su novia y ahora mujer, Marina.
Me acuerdo como si fuera ayer aunque en realidad solo han pasado dos años y medio, una historia de amor de las mas bonitas que yo haya visto.
Lo cierto es que Miguel y por casualidades de la vida se bajaba en la misma parada que yo, así que tenía 15 minutos para ponerme al día de su historia.
Me contó mucho, cosas bonitas, cosas menos bonitas, resulta que al poco de casarse Miguel y Marina decidieron no esperar y fueron a por el primer hijo, las cosas no fueron del todo bien, el bebé no llegaba, los meses fueron pasando y el bebe seguía sin llegar, juntos se sometieron a pruebas de fertilidad, por suerte todo les fue bien, viendo que el embarazo no llegaba Marina se sometió a tratamiento, aquello no dio resultado, aquello terminó por resentir a la pareja, Miguel andaba todo el día malhumorado y Marina optó por encerrarse en su habitación y llorar, las cosas empezaban a torcerse para ellos, apenas hacían vida como pareja, Miguel no podía soportar ver así a Marina, se pasaba las horas muertas en el bar bebiendo, prefirió girar la cabeza y no ver que su vida se estaba hundiendo.
Los días se volvían interminables, el pasar de los meses solo empeoró la situación, Marina seguía sin salir de su habitación y Miguel apenas dormía en su casa.
Se había distanciado el uno del otro, apenas se veían.
Me sentí mal por ellos, yo, que los había conocido, que había conocido su historia de amor, la devoción que tenía Miguel hacía ella, la ternura con la que ella lo trataba, me hicieron participe de sus caricias, de sus besos que creí por un momento que aquello que me estaba contando ellos no eran los protagonistas.
Me daba tanta pena oír aquello, no negaré que solté alguna lágrima, yo soy así muy sentimental y como toda persona romántica desea que toda historia acabe en un final feliz.
Después de pensarlo bien Miguel se armo de valor y consiguió sacar a Marina de la habitación, creyó que lo mejor sería separarse, la situación no era buena para ellos, se estaban haciendo mucho daño.
Sentados en el sofá hablaron largo y tendido sobre lo que estaba pasando, hasta que sin quererlo la mirada se les fue a un punto fijo, un cuadro con un mensaje de amor que Miguel le regalo a Marina el día de su boda, aquellas letras que yo plasmé en un papel con todo el amor, sentimiento, pasión que Miguel con su mirada me hizo reflejar.
El silencio reinó por un momento, se miraron a los ojos y se abrazaron fuertemente, aquellas palabras cargadas de amor en todas sus letras obraron el milagro.
Cosas inesperadas que te hacen cambiar en cuestión de segundos, si hace un rato hablaban de separarse ahora hablaban de volver a ser una pareja, un matrimonio, volver a ser marido y mujer, a tener una vida plena.
Lo gracioso de la vida fue que cuando Marina se tranquilizó, cuando las aguas se calmaron y todo andaba muy bien se quedó embarazada, la sorpresa les vino después cuando en vez de uno les venían dos, mellizos, un niño y una niña.
Esos mellizos ya tienen tres meses, Miguel tiene una luz en su mirada que refleja paz, tranquilidad, esta feliz, pero la sorpresa para mi fue cuando me dijo que a su hija le había puesto mi nombre, cuando fuera mayor le contaría que gracias a unas palabras de amor, de un amor incondicional sin esperar nada a cambio pudo salvar su matrimonio y su vida. El poder de la palabra.
No puedo explicar como me sentí yo en ese momento, pero si que puedo decir que me llena de orgullo saber que gracias a mis palabras esa pareja es feliz.
Nunca los olvidaré, no hay mal que por bien no venga, gracias a la dichosa lucecita del coche la felicidad me durará mucho mucho tiempo.
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