Hora punta en la estación de tren, allí estaba ella, de pie, nerviosa ante lo que iba a suceder a lo largo de aquel día, María se presentaba con su mejor sonrisa y con el vestido mas bonito que tenia colgado en su armario.
Llegaba demasiado temprano, una hora antes de lo acordado, no quería llegar tarde a su cita con el destino, allí, sola, tuvo que sentarse en un banco del anden, le flaqueaban tanto las piernas que casi se cae al suelo, suerte que logró apoyarse en un poster de la estación.
Se comía las uñas como si le fuera la vida en ello, no paraba de mover la pierna izquierda, tanto le temblaban las manos que apenas podía sostener el bolso, un bolso que se había comprado en las rebajas del año anterior pero que se había puesto nuevamente de moda.
Decidió que aplacaría sus nervios escuchando su música favorita, se colocó sus auriculares y apenas empezó a sonar su música los nervios se calmaron un poco. Durante cierto tiempo aquello le dio resultado pero pronto volvieron los nervios, se levantaba, andaba de aquí para allá, pensativa y a veces dubitativa, pensaba en que si aquella cita le servía para algo o sin embargo era solo una perdida de tiempo, las dudas le sobresaltaban.
Aquella mañana no pudo desayunar nada, apenas logro comer un par de cucharadas de cereales con chocolate, se levantó cansada, la noche había sido un tanto desvelada, había visto pasar de una en una las horas del despertador de su mesilla.
Un día de esos cualquiera de este loco mundo hicieron que María se equivocase de dirección en un mensaje dirigido a una amiga con cierto contenido erótico con respecto a los hombres tratando el tema de su virilidad.
A los tres días justos recibió un mensaje de contestación, eso no es cierto ponía.
María sintió curiosidad por aquel mensaje intrigante, dándose cuenta de su error quiso disculparse y así empezó un cruce de mensajes.
Los meses pasaban y pasaban y de aquellos mensajes de correo se transformaron en diarios encuentros vía red social, se contaban todo, las cosas que a veces no solían decir a sus conocidos por vergüenza allí se las contaban, les resultaba mas fácil. En unos de esos "chateos" se dieron los números de teléfono y al día siguiente supieron como eran sus voces.
Durante mas de tres años se estuvieron chateando hasta que un día decidieron que ya era hora de conocerse, acordaron no enviarse fotos para que así su encuentro fuera diferente, de ahí el nerviosismo de María, ella le dijo que llevaría un chaquetón de color rojo y el una cazadora tipo militar. Fue el quien dijo que iría a su encuentro, se haría mas de 800 kilómetros para conocerla.
Durante aquella interminable hora pasaron muchos viajeros y unos cuantos trenes pero María allí seguía a veces sentada en aquel banco de la estación y otras de pie esperando su tren, un tren que iba a cambiar su vida por completo.
La hora se acercaba, el tren asomaba dando señales acústicas de que se acercaba el gran momento, María respiró profundamente y se levantó a la vez que el tren se paraba, impaciente esperó a que cada uno de los viajeros fueran bajando pero nadie llevaba una cazadora militar.
María desilusionada y agachando la mirada se sentó durante unos minutos, respiró profundamente se levantó y levantando su mirada lo vio, lo tenía delante.
Vaya, creí que no habías venido, le dijo.
Nunca te haría eso, le dijo el.
El silencio les hizo mirarse profundamente a los ojos.
Bonitos ojos María.
Gracias, los tuyos también son bonitos.
De repente algo pasó que les hizo abrazarse muy fuertemente, si se habían gustado interiormente mas se habían gustado físicamente, sentían la necesidad de tocarse, de olerse, de mirarse.
He de reconocerte algo María, yo también llegué una hora antes, pero cuando llegué tu ya estabas sentada en el banco, te he visto morderte las uñas y ese tic nervioso que te hace mover la pierna izquierda me resulta muy gracioso, perdóname es que te vi tan guapa que me entro el miedo, observándote me he dado cuenta de que me gustas mucho físicamente y no lo puedo evitar.
María no dijo nada, solamente se acercó y lo besó, el impulso pudo mas que ella, quería hacerlo desde hacía bastante tiempo, la había enamorado con sus palabras, con los regalos que le mandaba, con los gestos de cariño, con el día a día.
El tenía un aire a lo Paul Newman con ese aspecto chulesco pero encantador, ella los ojos de color violeta de Liz Taylor.
El resto se intuye.
Preciosa historia, Isalu.
ResponderEliminar