Odio tener que admitirlo, pero aún no lo diré en voz alta, no vaya a ser que se me oiga demasiado y ya no haya vuelta atrás. La vida tiene momentos en los que parece que nos esta retando y nos echa un pulso, ya podría avisar y asi me ejercito antes y no me coge con las bragas allí en los tobillos. Estaría guay eso, eh?!, pero no!!. La vida es demasiado puñetera para que te dé esa ventaja, ahí sin margen de maniobra, a palo seco, sin paños calientes. Parece que eso de las casualidades se le ha vuelto muy divertido. No puedes estar en dos sitios a la vez, a no ser que tengas el poder sobrenatural de aparecer dónde y cuándo se te antoje, eso o la famosa máquina que te lleva a donde te salga de ahí mismo.
A ver, no seamos del todo melodramáticos, otras veces se porta bien (bueno ya podría hacerlo mas de contino, ¡esto sí que lo digo en voz alta!). Yo siempre digo que cuando estamos en racha y pasan cosas buenas el guantazo va a ser bien gordo. La buena suerte no suele quedarse por mucho tiempo (ojalá), cuando ves que tu vecino empieza a estar mas feliz de lo normal, cuando canturrea regando las plantas de su jardín o incluso se atreve a rociar algunas de tu parcela echate las manos a la cabeza, tu buena suerte se ha escapado, has dejado la ventana abierta y mientras se esta colando el infortunio, la rarra. Eso que cuando vas caminando como alma que lleva el diablo porque son las 10 de la mañana y tenías cita con el oftalmólogo a las menos cuarto y con las prisas tus pies se han tropezado entre si y te has caido de trompa en plena calle peatonal. Te levantas haciendote el fuerte pero el orgullo duele mucho mas. Cojeando te marchas lo mas rápido posible, si antes la cita era con el oftalmólogo( me pregunto por qué) ahora es con el traumatólogo porque seguro que algún hueso ha caido en combate.
Vas murmurando apretando los dientes con un enfado nivel 15 maldiciendo que la suerte es para unos pocos agraciados en los que desafortunadamente tu eres el primero por la cola.
Ains que bien escribes chica!!
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