domingo, 3 de junio de 2018

TE DOY MI AMOR Y MI VIDA. (Capitulo 1)

Había sido un año  bastante duro, el último año de carrera se le había hecho cuesta arriba, la enfermedad crónica que su padre sufría desde hacía años se vio agravada por un tonto resfriado que al parecer estaba mal curado. Sus padres se habían pasado medio año entrando y saliendo de los hospitales, con distintos tipos de tratamientos y terapias alternativas.  La enfermedad de su padre y que apenas hacía unas semanas que su relación con Luís había acabado, de muy malas maneras y de forma bastante dolorosa, hizo mella en ella y aquello le provocó un cuadro de ansiedad y estres que la tuvo sumida en un profundo sentimiento de angustia. Se sentía cansada y fuera de casa, a muchos kilómetros de distancia y en época de exámenes finales.
 Se encontraba mas aliviada llamando a su casa y hablar durante casi una hora  dos veces por semana.

 Pensaba en las veces que había decidido en dejarlo todo y volver a casa, pero su madre no se lo permitía, mil veces le decía que no hacía falta que regresara a casa, que se preocupara por los examenes y que todo volvería a ser como antes.
 A pesar de que las palabras de su madre no le daban consuelo sabía que tenía razón, se convenció de que tenía que hacerle caso a su madre y así lo hizo.
Se acordaba de las veces que su padre le decía que estudiara ingles, que obtuviera  sus títulos y que les sacara provecho. Decía que todo es estaba " americanizando ", le  hacía gracia la palabra, pero entendía su significado y lo que ello conllevaba.
Por el se los sacó y por el luchó con muchas noches a la luz del flexo y combatiendo el sueño con mucho café.
Ese mismo año se dio cuenta de que ciertas amistades estaban dañando su autoestima y mermando su  personalidad,  dejo de ser ella, aquella chica pueblerina y pizpireta  que caía bien a todo el mundo se esfumó, se desvaneció  para convertirse en un muñeco de trapo a merced de unos  supuestos amigos, o eso creía ella.
Se reían de su forma de hablar, de su manera de vestir y andaban por ahí diciendo mentiras sobre ella.
Era ajena a todo aquello, vivía absorta en sus problemas, en sus cosas.
El día que abrió los ojos fue revelador, primero se enfadó lo habido y por haber, después cuando ya en frío pensó, a si misma se dijo que jamás volvería a perder mas el tiempo, dejaría de salir con aquellas personas y se aplicaría el dicho, mejor sola que mal acompañada.
Mas hondo no podía caer, así que ahora le tocaba remontar el vuelo y reinventarse, o de eso se quería convencer. Se veía sola en una ciudad enorme, con unos edificios altísimos cuando en su pueblo las casas  nos pasaban de las dos plantas. Se vio perdida y no sabía que hacer, a quién le iba a contar sus problemas, sus inquietudes, ¿ a sus padres?. Ellos ya tenían sus propios problemas, así que se los tragó y aprendió a vivir con ellos, a meterlos en lo mas profundo de su alma y rezar para que no resurgieran.
Había acumulado tanta frustación que su cuerpo no le respondía.
Se acostumbró a estar sola, una vida solitaria que le permitía que nada penetrara mas allá, se volvió desconfiada en todo, arisca consigo misma y autoexigente, se cerró en banda, llamaba menos a su casa, se dejó y se abandonó.
Veía pasar la vida desde la ventana de su apartamento, sabía cuando el vecino del frente sacaba a pasear al perro o cuando salían a jugar a la pelota los hijos del jardinero del parque de al lado o a que horas dejaba las cartas el cartero.
Había analizado a cada una de las personas que cada día pasaban por la calle, sus gestos, sus andares y su todo, tanto se le había ido la noción del tiempo que perdió el horizonte y perdió su vida. Había adelgazado tanto que no le venía nada, andaba todo el día con camisetas anchas y vaqueros enormes. No tenía ganas de nada, simplemente dejaba la vida pasar. El verano había llegado y no se había dado ni cuenta.
Un día se presentó en su casa su madre, había dejado de llamar y eso la alarmó, era raro en ella y eso a su madre le olia que no estaba bien.
En cuanto abrió la puerta se abrazó a ella y apretándola fuerte se puso a llorar como nunca lo había hecho. Su madre le secó las lágrimas y la obligó a retomar las riendas de su vida. La metió a empujones en el baño, la ordenó que se bañara a conciencia y con voz tajante le dijo que en cuanto saliera del baño hablarian seriamente.
Salió del baño y se sentó en el sofá, delante de su madre. La miraba en silencio y sabía que estaba enfadada con ella, pero se sentía avergonzada, a su madre no le podía mentir. Estuvieron hablando toda la mañana, de muchas cosas, de su dolor, de lo tonta que había sido con aquellas personas que consideraba sus amigos, de su relación con Luís, de su soledad, de su angustia. Esta vez sus palabras si encontraron alivio. Sus palabras transmitían cierta paz, hablaba desde la sabiduría que solo los años dan y sus consejos dieron mucha luz a su vida.
Por vez primera en mucho tiempo lloro de alegría, su padre estaba mejor, el nuevo tratamiento estaba dando resultado, le habían dado el alta, se recrimino a si misma, lo hubiera sabido si no hubiera dejado de se llamar. Casi a patadas la echó de su casa obligandola a salir a la calle, a tomarse algo, a respirar aire puro y limpio, a comprarse ropa, a regañadientes obedeció. Al bajar por las escaleras y al salir por el portón se tropezó a Luís, por un momento se miraron, por como la miro pudo notar como Luís se sentía culpable y haberle puesto los cuernos con Ana, la camarera de la cafetería que solían ir juntos. Ella lo miro pero de repente bajo la mirada y se marcho, en esos momentos no se sentía con fuerzas para afrontar la situación.
Hizo tiempo y volvió a su casa. Un agradable olor a flores frescas recorrían cada rincón de su apartamento, como si un tiempo nuevo se aproximara.

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