Prefirió alejarse de ella, se sentía profundamente enamorado pero se sentía desgraciado, su corazón reflejaba luz y sentimiento pero su mente le decía una y mil veces que aquello no era la mejor opción para ninguno de los dos, se encontraba en la disyuntiva de no saber que camino seguir, necesitaba una señal, cualquier indicio a la hora de decidirse, estaba mal, se sentía contrariado, como algo tan bonito como sentirse enamorado, un sentimiento de jubilo, de felicidad extrema podía hacerle tan infeliz y tan desdichado.
Su cuerpo le pedía a gritos que se fuese con ella, pero le frenaba su razón, su sentido de la lógica le impedía moverse, impedía que su propio cuerpo se revelara, impedía que se precipitase, que dejase aflorar todos sus sentimientos.
Andaba cabizbajo, triste, ausente, despistado, dos fuerzas luchaban en su interior, libraban una batalla continua, una, la racional y la otra lo sentimental.
Se le veía deambular por la acera como un fantasma, no hablaba con nadie, solo y ausente.
Se sentía atado de pies y manos, sin hallar aun la solución a sus problemas, a sus dolores de cabeza, a sus pensamientos, a sus sentimientos.
Quería ser libre, ser feliz y no sentirse así, dejado y abandonado.
Prefirió alejarse de ella, no huía de su amor hacia ella, no se escapaba por la puerta mas cercana, solo prefirió alejarse de ella.
Un amor imposible, un amor difícil de olvidar, una amor del verdadero, del real.
Quiso creer que su vida seria mejor así, sin ella, sin su olor a rosas frescas por la mañana, el olor de su cuerpo dejado en la almohada, de sus perfumes favoritos, del erizar de su piel cuando ella le tocaba, los susurros de amor que le decía, cuando se miraban a los ojos y sin decir palabra se entendían a la perfección.
Se había dejado vencer, se había dejado ganar por la vida y sus caprichos.
La vio marcharse y ya a lo lejos sus lágrimas llenaban su cara, sintió que su alma se hacia pequeña, que su corazón se encogía poco a poco impidiéndole apenas respirar con normalidad.
Sentía como parte de su vida se iba con ella, se hizo pequeño muy pequeño, de repente se sintió con miedo, con temor.
Ese día eligió, la dejo marchar, gano su razón frente a su corazón. La amaba profundamente pero no podían estar juntos, se hacían mucho daño. Una relación difícil, dura donde la convivencia se hacia insoportable, insana, mala.
No quería sentir, se olvidó de su corazón roto y maltrecho.
Esperó en vano a que su alma y su corazón sanasen, a que las heridas cicatrizasen
¿Como desacostubrarme a ella?, se preguntaba todas las noches al acostarse.
Quiso que con todas sus fuerzas olvidarla, esconderla por algún sitio remoto de su mente, quiso vivir sin su presencia, inútiles esperanzas, imposible.
Sabia que sería una labor difícil pero pensó que si no la nombraba jamas y que nadie le hiciera recordarla las cosas le saldrían mejor, pensó.
Creyó con todo su ser haber obrado bien a pesar del vacío interior que le inundaba.
Prefirió alejarse de ella de la mejor manera posible que encontró, no huía solo se alejó.
No lucho por ese amor, estaba cansado de pelear a contracorriente, el agua terminó por hundirlo como un barco de papel.
Alguna vez pensaría en que igual hubiera sido mejor quedarse y luchar con uñas y dientes, defendiendo su valiente amor, pero pronto entendió que aquello hubiera sido una enorme perdida de tiempo, el final hubiera sido el mismo.
El tiempo calmo un poco las cosas, su dolor, su alma estaba dormida y tranquila hasta que un día se volvieron a ver, ambos se dieron cuenta, se seguían queriendo como el mismo día, pero su amor era difícil de llevar, se miraron profundamente a los ojos y cada uno se marcho por su lado.
Jamas en la vida volvieron a encontrarse y aun siguen queriéndose
Bonita historia de amor
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