Últimamente la vida me ha hecho acordarme de mi infancia unido ello a que cierta persona allegada a mi de vez en cuando me mande una foto de antaño, han hecho que me venga a la mente una vorágine de vivencias, unas vivencias en las que siendo niña lo viví felizmente rodeada de la gente a la que quiero y quería.
Recuerdo con un enorme cariño cuando todos los veranos mis tíos de Barcelona llegaban al pueblo con ganas de descansar, pero allí no había descanso, allí estábamos nosotros, unos críos con ganas de playa, la pregunta era inevitable, tito cuando nos llevas a la playa?, mañana decía, al día siguiente allí estábamos, firmes y en fila con nuestras toallas en el hombro, en total sumábamos mas de la cuenta pero supimos acoplarnos de maravilla, el pequeño siempre iba en las rodillas de los demás, si nos para la policía decid todos que sois hijos míos, nos decía siempre. No quería dejar a nadie, no quería decepcionarnos y eso le hizo ser grande, bache!!, nos advertía siempre del mismo hoyo en la carretera, lo cierto es que hace años que no paso por esa carretera pero siempre se quedará en mi memoria, es totalmente imposible de olvidar aquello, forma parte de mi vida, hoy en día por desgracia ya no están entre nosotros pero el destino quiso que estuvieran juntos para siempre y ese niño que se nos sentaba en las rodillas ha crecido mucho y ha formado su familia. Las heridas de guerra cuando jugábamos al juego de las luces me llevaron de cabeza al dentista un par de veces.
Recuerdo también cuando íbamos todos en familia a la playa, la sombrilla de mi padre con el borde de flecos y que aun conserva, todo un día lleno de juegos comiendo tortilla de patatas y conejo con tomate. Eran otros tiempos donde la felicidad ocupaba un lugar importante donde recordando una frase que aun cuentan los mayores las puertas de las casas se podían dejar abiertas porque no entraba nadie a robar.
Recuerdo cuando mi abuelo Juan ponía la tele a toda pastilla aquel programa que presentaba Jesús Puente, mi media naranja, decía que fumaba desde que era un crio.
Me paseaba orgullosa con el bolso de ganchillo que me había hecho mi abuela María ante mi insistencia, imposible olvidar sus redonditas albóndigas de bacalao.
Mi primo siempre de decía que el día que presentara a mi novio fuese a el, la primera persona en conocer de la familia, siempre me hizo gracia aquella conversación entre primos.
Me acuerdo además cuando quería irme de fiesta con mi hermana y su novio, ella se enfadaba conmigo porque aquello suponía que tendría que cuidar de mi como hermana mayor que era, y eso no le hacía gracia pero supe convencerla y así me fui con ellos unas cuantas veces, la cosa es que por aquel entonces no lo entendía pero los años me lo ha hecho entender. Me ponía su ropa cosa que todas las hermanas habremos hecho, me ponía sus pantalones que a mi se me quedaban tobilleros pero a mi todo aquello me daba igual porque llevaba la ropa de mi hermana y eso me hacía muy feliz.
Han pasado muchos años, hemos crecido y cada cual ha elegido un camino diferente, algunos han formado su propia familia, otros lo intentan y los que quedan siguen ahí, en pie.
Ojala se pudieran meter todos los momentos vividos de la niñez, de la inocencia mas pura en una cajita para poder volver a disfrutar de ella, los años pasan y cada día que pasa es un recuerdo mas.
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