Tenía ganas de hacerme un gazpacho así que baje a la frutería de la esquina a comprar unos pepinos cuando vi a Lucia, al verme se cambio de acera, no tenía ganas de hablarme, iba cabizbaja, tristona y muy seria. La llame como eso de unas cinco veces, a la sexta levantó la mirada y sin decir nada la volvió a bajar, me planté delante de ella impidiéndole el paso, Lucia no puedes seguir así, le dije, has descuidado tu imagen, apenas te aseas y encima has adelgazado mucho, estas muy flaca.
Me pone la excusa de que no se ríe porque tiene los dientes amarillos por culpa del tabaco.
Pero Lucia tu te crees que yo soy tonta, nos conocemos desde hace años y como se suele decir, sabemos de que pie cojeamos, hace mucho ya de eso, no puedes vivir aferrada a un recuerdo, fuera hay mundo, hay cosas que te estas perdiendo.
Lucia tiene la mirada perdida, se ha dejado llevar poco a poco, solo ve pasar los días, se ha acostumbrado a ello.
¡¡Mirame Lucia!! le digo mientras levanto su cabeza, se ha acabado todo esto. Ahora tu y yo nos vamos a tomar un respiro, nos vamos a sentar y hablaremos, le cojo la mano y tiro de ella fuertemente.
¡¡Que te ocurre!!, le digo preocupada.
¡¡No lo se Isa!!, me dice.
Ya estamos como siempre, igual que aquella primera conversación.
A ver, esto se esta saliendo de madre, me entristece verte así, sin esperar nada, resignada,
estas afligida, malhumorada, además creo que fumas demasiado. Le vuelvo a decir.
De repente Lucia se pone a llorar, esta muy sensible, dejaré de decirle mas cosas y la abrazaré, pensé.
Haremos una cosa, mañana a eso de las nueve de la mañana iré a buscarte a tu casa, verás que bonita sorpresa te espera. Le dije muy emocionada.
A la mañana siguiente me presenté en su casa, a las nueve menos cuatro minutos ya estaba tocando el telefonillo, Lucia no contestaba y yo insistía cada vez mas. Deberían ser las diez menos algo cuando una vecina del piso de abajo llegaba con la compra y abría la puerta.
Buenos días señora, bonito día ¿ no?. le dije mientras me colaba.
Llegué a su puerta, poco me faltó para tirarla abajo, Lucia no me abría la puerta, sabía de sobra que estaba dentro. Fue su vecina la del frente quien no se como pero tenía llaves me abrió la dichosa puerta.
Lucia estaba en la cama, tapada hasta las orejas, no quería levantarse, así que haciendo un esfuerzo milagroso la saqué de la cama, la metí en la ducha la vestí y tirando de ella como pude no fuimos.
Lucia no decía nada, solo me miraba con mucha mala leche y amenazante.
No me mires así Lucia, a ver si cuando termine contigo me miras así. Le dije sonriendo.
Había reservado un par de horas en el spa incluyendo un tratamiento completo, peluquería, maquillaje, uñas y la visita a una de las mejores tiendas de moda.
Después de un gran día lleno de emociones y sorpresas Lucia parecía otra, su cara reflejaba
alegría, lloraba de emoción al verse así, guapa. Me abrazaba tan fuerte que casi podía oír los latidos de su corazón.
Hacía tanto tiempo que Lucia estaba sola que había olvidado de como es ser querida y mimada por otros, aquella tarde había sido por y para ella, se había olvidado de quererse.
Hoy hemos quedado para ir a tomar un café, bueno yo un capuchino, no soy yo muy dada a eso del café, me ha contado muchas cosas que me han alegrado, se le ve muy bien, ha engordado, ya no fuma y su imagen no puede ser mejor, se ha presentado subida en unos taconazos de infarto y un vestido ultramegaceñido que le quedaba de muerte, así me he quedado yo; muerta, ¡¡ si no fuera hetero te tiraría los tejos!!, eso le ha echo gracia pues se ha reído. Un día de estos dejo a los niños con su padre y nos vamos de fiesta, le dije. Pues así queda la cosa, esperando a esa salida de chicas.
interesante.
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